No comprendemos que la vida está escrita en hoy, ahora, el presente. Recorremos los caminos con la mente alejada del instante recurriendo frecuentemente a nuestros sueños, mientras que la vida continúa hasta que un día se apaga para darnos cuenta al final que en nosotros sólo existieron las bellas cosas de la vida en nuestros pensamientos, pero no en la real vida que debió de aprovechar el momento.
Escuché alguna vez a la noche decir que, fue tan fuerte el odio que del humano brotó cuando sumergido en su ignorancia no pudo comprender el dolor y la alegría que acompañan a esta vida, que decidió vengarse de aquél Dios que él mismo había creado en su desesperación por no encontrar respuestas de sí mismo ni de lo que lo rodea; fue así como el humano en su orgullo se alejó de aquél espíritu que debía ser forjado firme para plasmar su esencia en el instante eterno y le arrebató la vida a una sonrisa fresca para vivir en los pensamientos y nada más, aquellos pensamientos donde sólo habitó el deseo constante de un mejor mañana donde pudiera vivir alejado de las confusiones, su alma se envenenó creyendo que algún día se convertiría en el aquél que tanto anhelaba. Así el corazón se sintió intranquilo por buscar persistentemente lo que ni siquiera estuvo prometido, ni por el tiempo, ni por el Dios, ni por la vida misma. El humano cobró venganza no de su Dios, sino de sí mismo.
Al parecer no estamos contentos con lo que somos ahora, siempre nuestra mente está pensando en los sueños, tarde nos damos cuenta que mientras soñamos se está escapando el presente y jamás estuvimos ahí con él que tantos momentos bellos nos puede regalar… jamás vivimos bien, pues no podemos vivir sin estar en el presente, la afirmación, cierta es. Hablando de ese futuro tramposo, el “algún día lo seré” también se aparece, pero “lo que soy ahora” ni siquiera lo notamos porque el dedo que se encuentra cerca del piso pasa toda una vida queriendo alcanzar una estrella.
