Me encontraba en ese estado de pesimismo filosófico y general depresión del espíritu, cuando una noche entré en mi recámara, sumida en la penumbra. De pronto cayó sobre mí, sin advertencia alguna, como surgido de la misma penumbra, un horrible temor ante mi propia existencia. Simultáneamente se me vino a la mente la imagen de un paciente epiléptico al que yo acababa de ver en el sanatorio, joven de pelo negro y piel verdosa, totalmente idiota, que solía permanecer sentado todo el día en una de las bancas, con las rodillas contra la mandíbula. Esta imagen y mi temor entraron en una especie de falat combinación. Esa forma semihumana soy yo potencialmente, pensé. nada que yo posea puede defenderme contra tal destino, si mi hora sonara para mí como sonó para él.
Sentí tal horror de él - y a la vez de mí mismo - que fue como si algo hasta entonces sólido dentro de mi pecho cediera por completo. Me convertí en una masa de tembloroso miedo. Después de esto, el universo cambió enteramente. Despertaba, mañana tras mañana, sintiendo un horrible temor en la boca del estómago, y con una sensación de la inseguridad de la vida que no había conocido nunca, y que no he vuelto a sentir. Fue como una revelación; y aunque los sentimientos inmediatos se desvanecieron, la experiencia me ha hecho comprender desde entonces los sentimientos mórbidos y nerviosos de los demás. Gradualmente fue cediendo, pero durante meses fui incapaz de entrar a solas en un lugar oscuro.
Carta escrita por William James (Psicólogo norteamericano precursor del Pragmatismo, una de las teorías fundamentales en la historia de la psicología ) a su hermano Henry, describiendo su atribulado ánimo. Marzo de 1870.