viernes, 5 de junio de 2009

Efímera visión de la libertad. (Lado A)

(Apariciones fantasmales de la medianoche)

Cuando era niño solía encerrarme en una enorme habitación en la casa de mis abuelos con todos mis juguetes. Recuerdo que formaba a mis muñecos en una fila tan larga como figuras tenía como si fueran un batallón y con la imaginación creaba historias fantásticas que le daban vida a aquel cuarto. Por las noches solía sentarme en las escaleras que separaban a la casa del patio para ver las estrellas, el sonido de los grillos era muy relajante mientras lleno de ilusión miraba hacia arriba tratando de comprender los cuentos que mis seres queridos me contaban de aquel inmenso lienzo azul marino, era tan agradable tener esa sensación de incertidumbre a veces con escalofríos por saber lo que allá pasaba mientras yo vivía en mi mundo.

Comía a deshoras, jugaba con mis amigos fútbol en la lluvia, también hubo días en los que nos juntábamos para contar historias de terror y a la hora de dormir teníamos que estar precavidos por si un monstruo abría la puerta de la recámara... Era un niño y era feliz, mi pensamiento aún era limitado y mi juicio nunca estaba por delante de mis sensaciones y emociones. Un niño como cualquiera, sin preocupaciones mas que las de coleccionar todas las estampitas del álbum de súper héroes.

Años después comencé a descubrir más de lo que me rodeaba. Era ya un joven, aún a esa edad arrojado a vivir la vida sin comprenderla pero mi mente empezaba a llenarse de dudas sobre absolutamente todo lo que mis ojos veían y también empecé a poner en tela de juicio aquellos cuentos fantásticos que de niño me contaron.

Las comidas tenían ya una hora, y si no me sentaba a tiempo el plato era retirado. Dejaron de gustarme las estampitas, y la maldita lluvia no permitía que por las tardes saliera a jugar fútbol o a platicar con mis amigos… si se me antojaba un dulce ahora tenía que ir solo a la tienda, ¡Las responsabilidades comenzaron a salir de quién sabe dónde! la ropa no estaba tendida en mi cama lista como aquellos viejos tiempos, ahora yo tenía que elegir las prendas y plancharlas… Asistir al colegio bien uniformado, entregar las tareas con excelente presentación, ¡las primeras salidas a las fiestas! ¡Las chicas! ¡Cuántos buenos recuerdos de aquellas citas¡ Recuerdo que en esas fiestas me divertía muchísimo porque hacía un sinfín de cosas con mis amigos, jugábamos, bailábamos, reíamos como locos y ni siquiera nos acordábamos de echarle de vez en cuando una checada al reloj… no, ni el mismo tiempo era capaz de arrebatarnos la sonrisa en nuestros rostros. Estaba creciendo, pero era tan bello que a pesar de la necesidad de cambiar mis hábitos para seguir desarrollándome mi ser aún conservaba algo de aquella sonrisa risueña del pequeño niño que habitaba en mis memorias.

Hoy, la vida ha cambiado de nuevo, han pasado ya varios años desde que ese noble joven dijo adiós, y esta vez la vida ya no se parece en nada a aquel día viernes cuando junto a mis mejores amigos hicimos la promesa de regresar cada fin de semana a aquella casa abandonada a contarnos las cosas que nos sucedían en la vida, a ayudarnos para llegar a cumplir todos los sueños que una vez nos fijamos mirando las estrellas… Hoy estoy a oscuras en mi habitación, con la barba sin afeitar desde hace algunas semanas y algunas lágrimas cayendo de mi pálido rostro esperando con las piernas inquietas que en esta fría noche la puerta de mi casa retumbe fuertemente avisando que un amigo viene a visitarme para tendernos en el pasto húmedo y reír reciamente como si fuera esa la última ocasión que pudiera hacerlo… Hoy la vida ha cambiado, las responsabilidades crecen con cada minuto que pasa, pero no sé más reír. Las fiestas han encontrado nuevos motivos para reunir a la gente, ahora ya no asisto a las fiestas para reencontrarme con seres queridos ni para recordar viejos tiempos, ya no estoy ahí para prolongar la felicidad que de casa traía…ya no, ahora las fiestas son mi mejor pretexto para salir de casa, olvidar los malos momentos y tratar de que mi miseria se aleje de mi mente aunque sea por unas horas… Ni siquiera bebo cerveza por su sabor, bebo porque en estos tiempos quien bebe es una persona que se sabe divertir según la opinión de mis amigos, y estoy gastando toda mi vida contando cómo fui de fiesta en fiesta y salía de allí perdido en razón mientras mis semejantes ríen y festejan mi pobreza espiritual… En mi infancia y juventud me gustaba tanto hablarle a una chica, me temblaban las manos cuando alguna se acercaba, era ese deseo de explorarle, de comprender su forma de pensar y saber qué las hacía reír… existían los verdaderos caballeros, que las tratábamos como a una dama… en estos tiempos, hombre es quien tiene más mujeres, y ahora cada que siento un vacío en mi interior busco llenarlo con las caricias y el placer sexual que ellas me dan usándolas como si fueran meros instrumentos de placer para sentir que mi vida la vivo al máximo, para sentirme querido e importante ante los ojos del mundo y ante los míos, mientras mis amigos me convierten en un semidios... ¡Dios mío, qué nefasto soy! ¡Qué asco me doy!

Hoy la vida ha cambiado, ya no me atrevo a recorrer en solitario las veredas y los parques porque mis amigos pueden burlarse de mí, a veces me dan ganas por las noches de llamarles para que se asomen a la ventana y tengan la fortuna de apreciar como yo la magnificencia de la Luna llena, pero recuerdo entonces que son tonterías para ellos, sólo juego de niños.

Hoy la vida ha cambiado, ya no bailo si tengo ganas de bailar, ya no río si tengo ganas de reír, ahora bailo si los demás no se ríen de mí, ahora río si los demás no están bailando y me están prestando atención.

¡Qué ha pasado! ¡Qué demonios me ha pasado! ¿Donde quedaron aquellos sueños que de niño juré perseguir fervientemente? ¡Esto que estoy haciendo no se parece a nada de lo que planeé para mi vida!

¿En dónde habrá quedado aquel niño de sonrisa tierna que habitaba en mis memorias? ¡Cuánto lo extraño! Pero no tengo tiempo ahora para pensar en él, debo alistarme para ir a una fiesta y olvidar este pesar aunque sea por un momento…

"Cuando duermo por las noches, hay veces en las que el niño que una vez fui se aparece en mis sueños con una sonrisa tierna agradeciéndome por no haberlo olvidado." Es así como habla quien en verdad sabe de la libertad.

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